Retrato futbolero del barrio El Nihuil

Tierra barrenada de cascotes, ondulada con huellas de surcos, en los lados acequias de aguas panda marcaban la línea, cuatro álamos arqueados por el chiflete del viento formaban el alucinante  estadio del barrio El Nihuil.

En los encuentros, uno de los chicos era distinto, con magia en los pies, le llamábamos  “El Tucumano”, se paraba en el centro de la cancha, unos metros más arriba que el cinco, de estructura delgada brazos asentados en la cadera, remera suelta, medias bajadas y tamangos desgastados.

Miguel Almaraz

En su cara ningún  gesto, de mirada caída, por momentos  se ausentaba como sí no estuviera disfrutando, quizás el partido le parecía igual que el de antes ó se distraía  planeando  la próxima jugada.

De pocas palabras, no era muy ágil, esperaba siempre por la pelota, entre el polvo gambeteaba uno detrás de otro y los pibes caían besando la chipica. Sus goles eran siempre desde la distancia, en posición de costado, tiro suave pegado a uno de los palos, goles que celebraba modestamente.

Mirada atrás de algún día del año 1991, en el barrio de el Nihuil de San Rafael, dedicada a Miguel Almaraz  El Tucumano.

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