El último potrero del sur

Don Villa

Un personaje irrepetible, humanista del día a día, una especie de servicios sociales desde su canchita, ubicada en la calle Centro América esquina Independencia, era capaz de intuir las cualidades de un futuro genio del fútbol cómo las de un pibe con problemas  familiares. Las  puertas de su casa estaban  siempre abiertas para tomar unos mates con galletas, dónde no faltaba nunca un  buen consejo cómo “cuídese mucho y no te metas en problemas" o "aléjate de las malas compañías” y  al salir siempre te daba algo de regalo. 

Aún lo recuerdo circular por la avenida mitre con su inmensa bicicleta negra de reparto, con las bolsas de arpillera llenas de camisetas de los más diversos equipos, a su lado siempre había  un grupito de niños,  con él todos éramos muy válidos.
Casa de Juan Carlos Villaroel, Don Villa.

En el estadio del club  Huracán, su lugar era siempre en el medio de la hinchada, parado todo el partido e  inclinado sobre el  alambrado y de vez en cuando gritaba “negrito cambiála” y se daba la vuelta cuando los pibes de la hinchada cantaban “ole, ole, ole tranco, tranco”. Era un hombre con un magnetismo único.

Yo fui unos de los chicos  que pasaron por su canchita, no tenia cualidades para ser  un  crack del fútbol, era de los que tenían problemas, él siempre buscaba la manera de que uno se sintiera cómodo. Cada vez que volvía a  San Rafael lo pasaba a saludar,  pero ésta vez aún sabiendo  que don Villa no estaba, me pasé igual por su casa cómo cuando era un niño y sentí lo inevitable, una sensación de ausencia y de tristeza enorme.

Aquel chico  ya creció ahora tengo casi 40 años he formado una familia  y soy feliz. Ahora reflexiono sobre la importancia  de personas cómo don Villa que desinteresadamente hizo  esta gran labor social tan importante, cubriendo ese vacío  que las administraciones deberían hacer como norma principal en un país desarrollado.

Comentarios

Entradas populares