O juremos con gloria morir!!!

Almas  juveniles, nacidos  en los moribundos 80, que vive  la mayoría de edad en la clandestinidad que ofrece la noche, sombras lastimadas en necios boliches con negro enjuague de hierbas y tabaco  trenzado con la cítrica  fragancia One, era el antídoto para hacer desaparecer los días.

Prófugos de un  pasado absurdo, fulminados por un presente justicialista, como no sentirme así? Sí ese perro sigue allí, en Olivos  donde los malditos  hipotecan y fracturan nuestro porvenir.

Por entonces en el viejo San Rafael las veredas abrillantadas con el lampazo, el aroma a café de la Cueva delata un nuevo día. En la esquina del banco Mendoza el ciego que ve narra el golazo  del domingo por unas monedas, es medio día  y una multitud de guardapolvos blancos se concentran en la segunda cuadra de la avenida él Libertador,  free pass con una consumición  para los hijos d.

Cae la tarde  y por el  receptor la voz quebrada de Pipa con su Bang Bang, estas liquidado.En Bony´s  pizza el horno está caliente, las idas y venidas por el bulevar, en el bar Stroker la  mesa  de billar más lineal está reservada, cerveza Andina  congelada  para no saborear o quizás para no pensar y porqué no,  para olvidar.

El viento zonda agudiza la resaca de otro fatídico sábado,nuestros rostros reflejados sobre el río Atuel se desfiguran  de tristeza al imaginar el mañana. Es primavera del 2001, nuestros padres nos alertan que ya cumplimos los 18 años,forzándonos a incorporarnos a la vida civil, teníamos que hallar un empleo  en una Argentina  que nada parecía tener sentido. 

Crecimos a los píes de la cordillera de los Andes, cantando tonadas, saltado acequias,  esquivando arbustos de Jarilla y comiendo uvas, la familia y los amigos era lo  más importante.Nuestro país históricamente ha pasado por muchos períodos de crisis, pero esta iba ser diferente, cambiaría nuestras vidas para siempre, terminaríamos desperdigados por el mundo en búsqueda de un empleo que nos diera  la tan deseada estabilidad, aunque ello supusiera  en cierto modo perder nuestra raíz.

Desde aquella  primavera del 2001  aquel grupo de amigos jamás se volvió a juntar, una generación sin nombre que se guardó sus sueños y supo  salir  adelante conviviendo  con un sentimiento interior  que no tiene denominación,  quizás las palabras que lo reflejen  son angustia o remordimiento  que  se puede percibir solamente si  mirando  fijamente a los ojos de las personas.

Dedicados aquellos muchachos que pasábamos las tardes sentados en las acequias.
Los hermanos de la casa 12, Cristián, Marcelo, Gato, Carrasco, Tucu, Yamil y Juanjo..

Comentarios

Entradas populares