El baile de los que sobran
Costa del pacífico a medio camino entre
Algarrobo y San Antonio, del viejo escarabajo la melodía de los
prisioneros intensifican el encuentro de dos adolescentes dispuestos a una
noche de carrete.
Pasamos
por la puerta de multitud de discotecas, para detenernos en la que más autos
tenía en su parking. “Aquelarre” fue la elegida, situada en el municipio del Tabo, en un
principio todo parecía normal como cualquier otra noche en una disco de la
zona.
Nos
deleitábamos con un par de pisco sour, cuando de manera brusca mi amigo se desploma en mis brazos. En la desesperación sujeto su cabeza con mis manos, el tiempo se detiene y en un
instante nos despertamos en el hospital de San Antonio.
A
nuestro lado se habían enfrentado unos violentos, con armas de fuego cuando a
uno de ellos se le escapó un tiro, disparo que perforó uno de los pulmones de mi amigo y acabando el mismo en
la cabeza de otro joven.
De
esta pelea nosotros y el joven afectado éramos totalmente ajenos. La familia de mi amigo Óscar, después de
las 48 horas solicitó su traslado a la clínica Alemán de Santiago,
por suerte en 15 días fue dado de alta y disfruta de buena salud. Del otro
joven convaleciente la última noticia que tuvimos es que estaba muy grave hospitalizado
en cuidados intensivos.
Óscar
denunció lo ocurrido y la sorpresa es que los inadaptados pertenecían a las
fuerzas armadas de Chile, por ese motivo entraron a la discoteca armados. Las denuncias quedaron en nada, después
de tanta indiferencia por la administración pública, nos identificábamos con la célebre canción de los Prisioneros El baile
de los que sobran.
¡Ah
por cierto! con Óscar nos hicimos amigos en San Rafael, íbamos juntos a una
apocada guardería infantil que estaba ubicada junto al Hospital Teodoro J
Schestakow, su madre es Chilena y a principios de los 90 regresaron a Chile. Esta historia ocurrió en enero
del año 2001 como aquí lo cuenta el diario Mercurio de Chile.


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