Agustín Gil
Espejos de sal ilumina la insufrible llanura del Diamante,como algo insignificante por la magnitud del paisaje una ruinosa y solitaria tranquera sostenida por un par de álamos advierten una huella tarda de arenales.
![]() |
| Agustín Gil |
Imaginemos como transcurría un día cualquiera en el puesto:
Al entrar a la casa, los mates dulcísimos pasan de mano en mano, el suelo de tierra brilla de limpio, tomo asiento en una silla de totora, en un ángulo un pequeño fuego mantiene una tiznada tetera con agua caliente, la mesa vestida con un desgastado hule, en ella una canasta con pan casero, de frente una rugosa imagen del papa Juan Pablo II. Entre diálogos con enormes pausas miro hacia la puerta y debajo de la cortina percibo a unos niños, de rostro agrietados por el clima, que se divierten con piedrecitas, juegan a la payana.
Pequeña memoria dedicada a Don Chicho Gil, esposa, hijas, hijos y nietos en especial a mi amigo Cristián Rodríguez.


Comentarios
Publicar un comentario